El Pacto de Migración y Asilo se aplica desde el 12 de junio y ya se sabe qué parte funciona. La que cierra.El objetivo de reubicación para este primer año era de 21.000 personas. Los Estados se han comprometido a acoger a menos de la mitad, y Hungría y Eslovaquia no han ofrecido una sola plaza. La cifra ya era un recorte: la Comisión proponía 30.000 y los Veintisiete la rebajaron, con la abstención de España. La solidaridad nació pequeña. Ha quedado más pequeña todavía.
Lo restrictivo, en cambio, avanza sin esperar a nadie. Human Rights Watch advirtió, al entrar en vigor el pacto, de que el Reglamento de Crisis permite negar el derecho a solicitar asilo ante una afluencia masiva o una instrumentalización de la migración por un tercer país, supuestos que la norma define con vaguedad. Creo que ahí está el riesgo mayor. Un concepto elástico se vuelve peligroso cuando quien puede invocarlo tiene interés en hacerlo.





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