Hay un número que debería figurar en el análisis de riesgos de cualquier empresa, sea cual sea su sector: el 55 por ciento del PIB mundial depende moderada o altamente de la naturaleza y sus servicios. Eso equivale a unos 58 billones de dólares expuestos a lo que PwC denomina 'riesgo de naturaleza'. Sin embargo, según datos publicados en 2024, menos del 10 por ciento de las empresas evalúa formalmente su dependencia de la biodiversidad. La brecha entre la exposición real y la gestión efectiva es enorme.
Durante años, la agenda de sostenibilidad empresarial estuvo dominada por el clima. Las emisiones de carbono, los compromisos net zero, las huellas de CO2..., el lenguaje del sector se construyó casi en exclusiva alrededor del cambio climático. La biodiversidad quedó relegada a los departamentos de medio ambiente, a los informes de RSC y, en el mejor de los casos, a algún proyecto de compensación forestal en un país lejano.
Este texto trata de explicar por qué la biodiversidad importa a los negocios, qué está cambiando en el entorno regulatorio y cómo puede una empresa empezar a medir su huella sobre la naturaleza.





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