09 junio 2025

De la desinformación interesada a la acción: restaurando la confianza en la sostenibilidad

La sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático no es ideología, ni es una cuestión política, es una necesidad vital para la humanidad.


¿Qué significa realmente la sostenibilidad en un mundo donde las crisis parecen multiplicarse y la desconfianza gana terreno?
Para muchos, palabras como “Agenda 2030” o “Acuerdo de París” se han diluido entre promesas y debates políticos, eclipsando su verdadero propósito. Sin embargo, la sostenibilidad no es una moda ni una etiqueta ideológica: es la base que garantiza nuestra seguridad, prosperidad y libertad a largo plazo.


 Más allá de gestos simbólicos o normativas, hablamos de la capacidad de construir un futuro donde las personas vivan mejor, con acceso a recursos esenciales, información veraz y un ambiente sano para las próximas generaciones. Hoy, en un contexto de polarización y desinformación, recuperar el sentido profundo de la sostenibilidad es más urgente que nunca. Este texto propone explorar, con ejemplos reales y una mirada directa, por qué la sostenibilidad es el verdadero motor de bienestar y progreso para todos, y cómo empresas, gobiernos y ciudadanos pueden ser protagonistas de este cambio necesario.
 
La sostenibilidad significa mucho más que una moda o una tendencia política; es una verdadera base para asegurar el bienestar, la seguridad y la libertad de las personas a largo plazo, especialmente en un mundo donde las crisis y la desconfianza van en aumento. Aunque a veces se hable de planes como la “Agenda 2030” o el “Acuerdo de París” y parezcan promesas lejanas o discusiones políticas, su verdadero objetivo es muy claro: se trata de construir un futuro donde todas las personas puedan vivir mejor, teniendo lo necesario —como alimentos y agua—, acceso a información veraz y un planeta sano, no solo para nosotros, sino también para los que vendrán después.

A pesar de los avances en las regulaciones necesarias y una mayor conciencia pública, actualmente la sostenibilidad enfrenta obstáculos importantes. Muchas personas ven estas acciones como poco útiles en su día a día y la confianza en ellas ha disminuido. La desinformación juega un papel central en esto, ya que confunde a la población y desacredita tecnologías limpias, energías renovables o alimentos sostenibles, promoviendo ideas falsas sobre sus costos o eficacia.


Hoy, la sostenibilidad no es solo una palabra que está de moda o un requerimiento de algunas organizaciones. Actualmente se ha convertido en un eje vital para el bienestar, seguridad y crecimiento de toda la sociedad.

Hace más de una década, gobiernos y empresas han integrado la sostenibilidad en sus agendas y se ha extendido la conciencia pública sobre la importancia de cuidar nuestro entorno y garantizar un desarrollo justo para todos. Sin embargo, a pesar de que se han dado pasos claves últimamente, parece que perdemos fuerza.

El verdadero propósito de la sostenibilidad es crear un entorno seguro. Esto implica tener fuentes de energía limpias, alimentos seguros y accesibles, reducir la contaminación y promover la innovación. Significa también asegurar que todas las personas tengan oportunidades laborales y calidad de vida, y que las próximas generaciones puedan disfrutar de un planeta saludable. Adoptar prácticas sostenibles nos permite formar sociedades más justas, donde los recursos se aprovechan mejor y los sistemas sociales y económicos son más resistentes ante las crisis.

Una parte cada vez mayor de la opinión pública es manipulada y percibe las acciones por la sostenibilidad como poco útiles en la vida diaria, lo que debilita la confianza y frena la transformación necesaria. Esto retrasa inversiones importantes y limita la demanda de productos responsables en sectores clave como la energía, la alimentación y la automoción.

La agenda de la sostenibilidad es presentada con frecuencia como una cuestión política o ideológica. Esto ha creado divisiones clave y ha frenado avances, pues muchas personas la ven como un límite a sus libertades cotidianas, como elegir qué comer, viajar a donde quieran o emprender cualquier tipo de negocio. Pero la realidad es que buscar una vida sostenible no debe ser una restricción, sino una oportunidad para asegurar que todos vivamos mejor ahora y en el futuro.

Lamentablemente, la desinformación interesada en torno a la sostenibilidad, ligada muy a menudo a intereses económicos, a teorías negacionistas o a intenciones políticas de sectores de ultraderecha y ultra conservadores, está teniendo efectos negativos en el desarrollo de la sostenibilidad en diversas industrias y en la sociedad en su conjunto, creando barreras para la adopción de soluciones sostenibles y desincentivando la inversión en tecnologías limpias.

Por ejemplo, un informe reciente en Francia, identificó 128 episodios de desinformación climática en medios franceses enfocados principalmente en energías renovables y vehículos eléctricos, donde se difundieron argumentos falsos sobre la ineficacia, el alto coste o el impacto ambiental negativo de estas tecnologías. Esta narrativa ha generado desconfianza entre consumidores e inversores, ralentizando proyectos e inversiones clave en la transición energética.

En sectores como la alimentación, la percepción errónea de que los productos sostenibles son menos accesibles o menos seguros ha limitado la demanda, frenando así los esfuerzos de transformación hacia prácticas agrícolas más responsables. Estos ejemplos muestran que la desinformación no solo afecta la percepción pública, sino que también obstaculiza la innovación y el progreso sostenible en diferentes sectores, perjudicando el desarrollo económico y nuestro bienestar.

Como comentamos anteriormente, la polarización política y la presentación interesada y falsa de la sostenibilidad (por ejemplo, presentando los Objetivos de Desarrollo Sostenible como una agenda ideológica o restrictiva) benefician el rechazo social de algunos sectores, crean mucho ruido, y debilitan el consenso necesario para el cambio necesario.

La eliminación de programas de diversidad, inclusión y apoyo internacional, como la eliminación de USAID y de los programas de diversidad e inclusión en Estados Unidos por parte de la administración Trump, eliminan iniciativas clave que promovían el desarrollo sostenible y la equidad, bajo el argumento falso de que eran trabas ideológicas al crecimiento empresarial sin restricciones. Estas decisiones están debilitando gravemente el apoyo institucional y la cooperación internacional necesarias para afrontar retos ambientales y sociales en todo el mundo, en especial en las zonas más deprimidas.

Además de los negacionistas de la sostenibilidad y la desinformación, existen varios factores sociales y económicos que frenan el avance hacia un desarrollo sostenible. Entre los factores sociales se incluye la falta de resultados visibles y palpables en la vida cotidiana, lo que genera frustración y una percepción de que la sostenibilidad es un tema secundario o decorativo, alejándola de las verdaderas prioridades de la población.

En el ámbito económico, la preocupación por el posible impacto de las regulaciones medioambientales en la competitividad y el crecimiento empresarial puede frenar la adopción de prácticas sostenibles. En contraposición, la falta de regulaciones ambientales estrictas ha derivado en el deterioro de ecosistemas, la biodiversidad y la salud de diversas comunidades. En regiones industriales sin límites claros a la contaminación, se han registrado aumentos en enfermedades respiratorias y en la contaminación de ríos y suelos, lo que impacta negativamente en la calidad de vida y en las oportunidades económicas locales al erosionarse el capital natural que sustenta actividades como la agricultura y la pesca.

Es el momento de esclarecer más que nunca los beneficios reales de la sostenibilidad y contrarrestar todos los intentos negacionistas e interesados para hacer retroceder las metas conseguidas y el compromiso necesario con la sostenibilidad. Esta es, ante todo, una apuesta por las generaciones venideras: nos permite protegerlas frente a escenarios extremos y garantizar que tengan acceso a recursos básicos como agua, alimentos y energía.También ayuda a defendernos de amenazas externas, como gobiernos autoritarios o crisis climáticas, ofreciendo un entorno de mayor seguridad.

La sostenibilidad no está reñida con el crecimiento económico. Por el contrario, permite separar el desarrollo económico del daño ambiental, abriendo un camino hacia la prosperidad de largo plazo. Apoyar un crecimiento más resistente es la mejor manera de generar empleos, estimular la innovación y aumentar el bienestar colectivo. Muchas empresas en Europa, por ejemplo, ya han adoptado medidas estratégicas para enfrentar el cambio climático, invirtiendo en energías renovables, eficiencia energética y adaptando sus infraestructuras. De hecho, ocho de cada diez empresas europeas ya están implementando acciones concretas en esta línea, y en España esta cifra es aún mayor.

Europa, por tanto, se ha situado a la cabeza de esta transformación. Esta tiene que continuar, no hacer caso a los cantos de sirena, y seguir avanzando hacia un modelo de crecimiento competitivo y sostenible. Para no retroceder, es necesario mantener una mirada ambiciosa y trabajar para consolidar los avances logrados. El marco normativo que ha adoptado la Unión Europea, que exige transparencia, responsabilidad en inversiones y promoción de condiciones sociales y ambientales justas, es un claro ejemplo de este liderazgo.

Las nuevas regulaciones también se ajustan a las pequeñas y medianas empresas, adaptando las exigencias a su realidad para no frenar su crecimiento. No hay lugar para los retrocesos, el modelo democrático y de bienestar social no puede existir sin avanzar hacia un mundo sostenible y solidario.

Una de las claves para que la sostenibilidad sea vista como una ventaja y no como un obstáculo está en cómo la asumen las empresas. Necesitamos un liderazgo empresarial que entienda que los valores sostenibles aumentan la competitividad. No se trata solo de tener buena imagen o cumplir con requisitos legales, sino de crear negocios más sólidos, atractivos y duraderos.

La experiencia demuestra que las compañías que integran la sostenibilidad en su estrategia obtienen resultados concretos. Disfrutan de mayor lealtad de sus clientes, retienen mejor a sus empleados, reducen costes y aseguran el acceso a materias primas esenciales. Al enfocarse en productos responsables y aprovechar de forma inteligente los recursos naturales, no solo cuidan el planeta, sino que además destacan frente a su competencia. Existen herramientas, como la evaluación del retorno sobre la inversión sostenible, que permiten medir estos beneficios de manera clara y objetiva.

Pero para que más empresas adopten este cambio, es esencial ofrecerles instrumentos claros y prácticos. El reto es ayudarles a ver el valor real de la sostenibilidad y convertirla en una prioridad de la organización, no solo una casilla que marcar. La presión social, las regulaciones y las oportunidades de negocio están empujando en esta dirección, y solo sobrevivirán a largo plazo aquellas empresas que abracen este modelo con convicción.

En conclusión, avanzar hacia una sociedad sostenible no es una moda ni una simple opción ideológica. Es una necesidad para garantizar nuestra seguridad, prosperidad y la de las próximas generaciones. Requiere compromiso de todos: gobiernos, empresas y ciudadanos. Frente a la crisis ambiental y los cambios globales, apostar por la sostenibilidad ya no es opcional; es el único camino para asegurar nuestro bienestar presente y futuro.

No debemos permitir que los discursos polarizadores ni la desinformación desvíen el foco. Apostar por la sostenibilidad significa proteger nuestra libertad, asegurar nuestra supervivencia y crear nuevas oportunidades económicas. Al integrar estos valores en la cultura colectiva y la gestión empresarial, construiremos una sociedad más resistente, innovadora y solidaria.

Se trata, en definitiva, de mirar más allá de lo inmediato y de recordar que todos compartimos la responsabilidad de dejar un mundo mejor para quienes vienen detrás. La sostenibilidad tiene que ser, más que una meta, la base sobre la que construyamos el progreso del mañana.