17 abril 2026

58 billones de dólares en riesgo: la biodiversidad que los balances empresariales no ven

Hay un número que debería figurar en el análisis de riesgos de cualquier empresa, sea cual sea su sector: el 55 por ciento del PIB mundial depende moderada o altamente de la naturaleza y sus servicios. Eso equivale a unos 58 billones de dólares expuestos a lo que PwC denomina 'riesgo de naturaleza'. Sin embargo, según datos publicados en 2024, menos del 10 por ciento de las empresas evalúa formalmente su dependencia de la biodiversidad. La brecha entre la exposición real y la gestión efectiva es enorme.


Durante años, la agenda de sostenibilidad empresarial estuvo dominada por el clima. Las emisiones de carbono, los compromisos net zero, las huellas de CO2..., el lenguaje del sector se construyó casi en exclusiva alrededor del cambio climático. La biodiversidad quedó relegada a los departamentos de medio ambiente, a los informes de RSC y, en el mejor de los casos, a algún proyecto de compensación forestal en un país lejano.


Eso está cambiando con una rapidez que muchas empresas todavía no han asimilado. El Foro Económico Mundial catalogó en 2024 la pérdida de biodiversidad y el colapso ecosistémico como el tercer riesgo más severo a largo plazo para la economía global. En febrero de 2025, la plataforma científica IPBES, que equivale para la biodiversidad a lo que es el IPCC para el clima, publicó su primer informe específico sobre empresas y naturaleza, avalado por más de 150 gobiernos. La conclusión fue directa: todas las empresas dependen de la biodiversidad, y su pérdida constituye ya un riesgo sistémico crítico para la estabilidad financiera mundial.

Este texto trata de explicar por qué la biodiversidad importa a los negocios, qué está cambiando en el entorno regulatorio y cómo puede una empresa empezar a medir su huella sobre la naturaleza.


Por qué la biodiversidad es un asunto empresarial


La biodiversidad no es solo la variedad de especies que habitan el planeta. Son los ecosistemas que hacen posible la vida económica tal como la conocemos. Los polinizadores, principalmente abejas y otros insectos, contribuyen entre 235.000 y 577.000 millones de dólares anuales a la producción mundial de alimentos. Los bosques actúan como sumideros de carbono y reguladores del ciclo del agua, lo que afecta directamente a sectores como la energía, la agricultura y la industria. Los suelos sanos son el soporte de buena parte de la cadena alimentaria global. Los arrecifes de coral protegen costas enteras de la erosión y sostienen economías turísticas y pesqueras.

 
Cuando estos servicios ecosistémicos se degradan, los costes aparecen en forma de disrupciones en la cadena de suministro, encarecimiento de materias primas, mayor volatilidad en la disponibilidad de agua, y riesgos regulatorios y reputacionales crecientes. No son riesgos hipotéticos para un futuro lejano: el Informe Planeta Vivo 2024 de WWF documenta que las poblaciones de especies monitoreadas han sufrido un declive promedio del 73 por ciento desde 1970.

Los recursos que destruyen ecosistemas superan en más de treinta veces a los destinados a protegerlos: 7,3 billones de dólares en flujos financieros perjudiciales frente a 220.000 millones en conservación y restauración en 2023, según el informe IPBES.

El informe IPBES también identifica una paradoja que explica en parte la lentitud empresarial: a corto plazo, a menudo parece más rentable degradar la naturaleza que protegerla. Las externalidades negativas no aparecen en los estados financieros de quienes las generan. Pero los efectos acumulados, cuando cruzan puntos de inflexión ecológicos, pueden ser irreversibles y de alcance sistémico. El Banco Mundial estimó que un colapso parcial del ecosistema podría costarle a Malasia el 6 por ciento de su PIB anual antes de 2030. Una cifra comparable al impacto de la pandemia de COVID-19.

El problema no afecta solo a los sectores que se perciben como dependientes directos de la naturaleza, como la agricultura, la pesca o la industria forestal. Según la IPBES, incluso las empresas tecnológicas o financieras, aparentemente desconectadas del medio ambiente, dependen de servicios ecosistémicos a través de sus cadenas de suministro, su acceso al agua y la energía, y la estabilidad climática que sostiene las economías donde operan. S&P Sustainable estima que el 85 por ciento de las empresas más grandes del índice S&P Global 1200 tienen una dependencia significativa del capital natural.

El nuevo marco: de Kunming-Montreal al TNFD


El punto de inflexión político llegó en diciembre de 2022 con el Acuerdo de Kunming-Montreal, adoptado en la COP15 del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Por primera vez, la comunidad internacional estableció objetivos vinculantes: conservar el 30 por ciento de las tierras y los océanos para 2030, restaurar el 30 por ciento de las zonas degradadas, y movilizar al menos 200.000 millones de dólares anuales para la protección de la naturaleza. De los 23 objetivos acordados, ocho van dirigidos directamente al sector financiero.

Paralelamente, en el ámbito corporativo ha emergido el TNFD, las siglas en inglés de Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza. Lanzado en 2021 e inspirado en el marco climático TCFD, el TNFD publicó sus recomendaciones definitivas en setiembre de 2023 y en enero de 2024 anunció en Davos una lista de 320 empresas pioneras que comenzarían a reportar bajo este marco ese mismo año. Es un sistema de divulgación voluntario, pero con una trayectoria que recuerda a la del TCFD, que en pocos años pasó de recomendación voluntaria a referencia obligatoria en varios mercados.

El TNFD se estructura en torno a cuatro pilares, los mismos que el TCFD: gobernanza, estrategia, gestión de riesgos, y métricas y objetivos. Para aplicarlos, propone la metodología LEAP, un acrónimo que corresponde a "Localizar las interacciones con el entorno natural", "Evaluar las dependencias e impactos", "Analizar los riesgos y oportunidades asociados", y "Preparar la respuesta estratégica y la divulgación". Es un enfoque que exige a las empresas ir más allá del reporting y pensar sistemáticamente cómo la naturaleza afecta a su negocio y cómo el negocio afecta a la naturaleza.

En paralelo, la norma GRI 101 de Biodiversidad fue actualizada en 2024 para alinearse con el Marco de Kunming-Montreal, el TNFD y los estándares europeos ESRS. La nueva versión amplía el alcance a toda la cadena de valor, no solo a las operaciones propias. Y la Directiva europea CSRD ya incluye entre sus estándares de reporte obligatorio (ESRS E4) información específica sobre biodiversidad y ecosistemas, lo que convierte la divulgación sobre naturaleza en una obligación legal para miles de empresas europeas a partir de 2025 y 2026, según su tamaño.


La regulación que se acerca


El entorno regulatorio se está acelerando en varias direcciones simultáneas. La CSRD, con sus estándares ESRS, obliga a las grandes empresas europeas a reportar sobre biodiversidad con el mismo rigor que se exige para el clima. El ESRS E4, dedicado específicamente a biodiversidad y ecosistemas, requiere que las empresas informen sobre su huella de uso del suelo, sus impactos sobre ecosistemas sensibles, sus dependencias de servicios ecosistémicos y sus objetivos de mejora.

El Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, aprobado en 2024, establece objetivos vinculantes de restauración de ecosistemas para los Estados miembros, con implicaciones directas para sectores como la construcción, la energía, la agricultura intensiva y la gestión del agua. Las empresas que operan en áreas que quedan bajo planes de restauración pueden ver afectadas sus licencias de operación, sus costes de cumplimiento y su acceso a financiación pública.

La Directiva de Diligencia Debida (CS3D), en vigor desde 2024 y con transposición completada en la mayoría de los Estados miembros para 2026, exige identificar y mitigar impactos adversos sobre el medio ambiente en toda la cadena de valor. La biodiversidad y los ecosistemas forman parte explícita del perímetro de esa obligación. Una empresa del sector textil tendrá que evaluar si sus proveedores de materias primas contribuyen a la deforestación. Una empresa agroalimentaria tendrá que trazar el impacto de sus cadenas agrícolas sobre hábitats protegidos.

En 2023, los flujos financieros con impacto negativo directo sobre la biodiversidad superaron los 7 billones de dólares. Eso incluye subvenciones agrícolas, energéticas e industriales que el propio sector público financia sin contabilizar el coste ecosistémico que generan.

Los inversores también están moviéndose. El CDP registró en 2024 un aumento del 43 por ciento en las divulgaciones relacionadas con la biodiversidad respecto al año anterior. Los fondos de inversión con estrategias nature-positive están ganando masa crítica. Y los grandes gestores de activos han comenzado a incluir la exposición a riesgos de naturaleza como criterio de análisis en sus procesos de selección de carteras.


Sectores con mayor exposición


No todos los sectores están igualmente expuestos, aunque todos tienen algún nivel de dependencia. Los sectores con mayor riesgo inmediato son aquellos cuyas operaciones tienen un impacto físico directo sobre los ecosistemas o cuyo modelo de negocio depende de servicios ecosistémicos específicos.

La agroindustria y la alimentación encabezan la lista. La producción de alimentos depende de la polinización, la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua dulce y la regulación climática. El declive de los polinizadores, la erosión del suelo y las sequías más frecuentes ya están presionando los costes de producción. Las cadenas de suministro de productos como el cacao, el café, la soja o el aceite de palma están bajo escrutinio creciente por su vinculación con la deforestación y la pérdida de hábitats críticos.

El sector extractivo (minería, petróleo, gas) tiene impactos directos sobre ecosistemas a través de la ocupación del suelo, la contaminación del agua y la fragmentación de hábitats. Las empresas de este sector son las que con mayor frecuencia se enfrentan a conflictos con comunidades locales y a retrasos en la obtención de licencias sociales de operación cuando no han evaluado adecuadamente su huella sobre la naturaleza.


 La construcción y el sector inmobiliario consumen suelo a gran escala, un recurso directamente vinculado a la biodiversidad. Los promotores que operan en zonas próximas a hábitats protegidos o en ecosistemas costeros se enfrentan a riesgos regulatorios crecientes, especialmente con la aplicación del Reglamento de Restauración de la Naturaleza.

El sector financiero, aunque con una dependencia más indirecta, acumula exposición a través de sus carteras de crédito e inversión. El Banco Mundial estimó que más del 50 por ciento de los préstamos comerciales del sistema bancario malasio iban a sectores altamente dependientes de los servicios ecosistémicos. Una lógica similar aplica a la banca europea con exposición a sectores agrícolas, inmobiliarios y de materias primas.
 

Los primeros pasos para medir la huella sobre la naturaleza


La buena noticia es que las herramientas para empezar existen y son accesibles. El primer paso, como en cualquier proceso de gestión de riesgos, es la visibilidad. Muchas empresas no saben en qué zonas geográficas operan sus proveedores ni si esas zonas se superponen con áreas de alta sensibilidad ecológica. Herramientas como el Filtro de Riesgo de Biodiversidad de WWF, la base de datos GBIF o las guías sectoriales del TNFD, que en 2024 publicó orientaciones específicas para ocho sectores, permiten dar ese primer diagnóstico.

El segundo paso es la evaluación de dependencias e impactos. No se trata solo de saber qué daño hace la empresa a la naturaleza, sino también de qué servicios ecosistémicos son necesarios para que el negocio funcione. Una empresa alimentaria que depende del agua subterránea en una cuenca amenazada por la sobreexplotación tiene un riesgo operacional que no aparece en ningún balance, pero que puede materializarse en forma de restricciones de suministro o encarecimiento de costes en un horizonte de pocos años.

El tercer paso es fijar objetivos verificables. La red SBTN, Science Based Targets for Nature, proporciona metodologías para que las empresas establezcan metas de reducción de impacto sobre la naturaleza basadas en la ciencia, análogas a los objetivos de reducción de emisiones del marco SBTi para el clima. Son voluntarias, pero están ganando credibilidad entre inversores y reguladores como estándar de referencia para la ambición corporativa en materia de naturaleza.

El cuarto paso, a menudo el más difícil, es la integración en la estrategia de negocio. Los departamentos de sostenibilidad pueden hacer diagnósticos, pero si los riesgos de naturaleza no llegan a los comités de dirección, si no se integran en las decisiones de compra y de localización de operaciones, el ejercicio se convierte en un informe más que nadie lee. Las empresas que están liderando en este ámbito son aquellas que han conectado la agenda de biodiversidad con la gestión de riesgo financiero, no con la comunicación corporativa.
 

El argumento estratégico: por qué actuar ahora


Hay dos razones por las que actuar antes que los competidores tiene valor en este ámbito:

 La primera es regulatoria: las empresas que ya tienen sistemas de medición y gestión de su huella sobre la naturaleza estarán en posición de ventaja cuando los requisitos de divulgación se hagan obligatorios. Las que empiecen desde cero cuando llegue el plazo tendrán costes de adaptación más altos y menos tiempo para afinar sus datos y narrativas.

La segunda razón es financiera: el acceso a capital en condiciones favorables está empezando a diferenciarse según la exposición a riesgos de naturaleza. Los primeros bonos de biodiversidad han aparecido en mercados emergentes, y el mercado de créditos de naturaleza, aunque aún inmaduro, está atrayendo inversión institucional. Las empresas que puedan demostrar una gestión activa de su huella sobre los ecosistemas tendrán acceso a instrumentos financieros que sus competidores no tendrán.

El informe IPBES de 2025 lo expresa con claridad: las empresas pueden liderar el cambio hacia una economía sostenible o arriesgarse a la extinción, tanto de las especies en la naturaleza como, potencialmente, de las suyas propias. El lenguaje es fuerte, pero el argumento es sólido. La naturaleza no es un activo prescindible. Es la base sobre la que se construye cualquier actividad económica. Y la brecha entre lo que sabemos y lo que medimos sigue siendo, hoy, una de las mayores fuentes de riesgo no gestionado en los balances corporativos.

Para considerar


¿Tiene tu empresa identificadas las zonas geográficas donde opera y si se superponen con ecosistemas sensibles?
¿Sabes de qué servicios ecosistémicos depende la continuidad de tu modelo de negocio? 
¿Está preparada para responder a las preguntas que la CSRD y la CS3D van a exigir en los próximos años? 
Si la respuesta a alguna de estas preguntas es no, el momento de empezar a trabajarlas es ahora, no cuando el regulador llame a la puerta.

Anexos


1.- Organizaciones y Entidades de Referencia

Se detallan las instituciones que lideran la agenda de biodiversidad y finanzas mencionadas en el texto

TNFD
Taskforce on Nature-related Financial Disclosures
Proporciona un marco de divulgación para que las empresas informen sobre cómo la naturaleza afecta a su negocio y viceversa, estructurado en gobernanza, estrategia y gestión de riesgos.
https://tnfd.global/

IPBES
Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos
Actuar como la autoridad científica global que proporciona informes técnicos a los gobiernos y empresas sobre el estado de la biodiversidad y los riesgos sistémicos para la estabilidad financiera.
https://www.ipbes.net/

WWF
World Wide Fund for Nature
Monitorea el declive de las especies globales y proveer herramientas técnicas, como el Filtro de Riesgo de Biodiversidad, para que las empresas mapeen sus impactos en ecosistemas sensibles.
https://www.worldwildlife.org/

WEF
World Economic Forum
Identifica y cataloga los riesgos globales a largo plazo, situando la pérdida de biodiversidad y el colapso ecosistémico como prioridades críticas para la agenda económica mundial.
https://www.weforum.org/

SBTN
Science Based Targets Network
Desarrolla metodologías para que las empresas establezcan metas de reducción de impacto sobre la naturaleza basadas en la ciencia, alineadas con los límites planetarios.
https://sciencebasedtargetsnetwork.org/

GRI
Global Reporting Initiative
Establecer estándares globales de reporte de sostenibilidad (como el GRI 101) que permitan a las empresas comunicar su impacto en la biodiversidad a lo largo de toda su cadena de valor.
https://www.globalreporting.org/

CDP
CDP (anteriormente Carbon Disclosure Project)
Gestiona un sistema global de divulgación ambiental donde las empresas informan sobre sus riesgos y gestión de la biodiversidad para facilitar datos críticos a los inversores.
https://www.cdp.net/

S&P
S&P Global Sustainable1
Evaluar y analizar la dependencia significativa de las empresas cotizadas respecto al capital natural, integrando estos datos en índices financieros de sostenibilidad.
https://www.spglobal.com/sustainable1/en 


2.- Informes y Marcos de Referencia Clave

Se detallan los documentos técnicos y regulatorios que sustentan los datos y obligaciones comentados en el artículo.

Informe sobre Empresas y Naturaleza (2025)
IPBES
Ir al informe IPBES

Informe Planeta Vivo 2024
WWF
Ir al informe WWF

Recomendaciones Finales del TNFD
TNFD
Ir a las recomendaciones

Global Risks Report 2024
Foro Económico Mundial
Ir al informe WEF

Estándar GRI 101: Biodiversidad 2024
GRI
Ver estándar GRI

Estándar ESRS E4 (Biodiversidad)
EFRAG / Comisión Europea
Ver norma europea

Filtro de Riesgo de Biodiversidad
WWF
Acceder a la herramienta

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