06 octubre 2026

La vivienda como frente de batalla: ¿ por qué las calles de España son una vanguardia del movimiento ciudadano que el mundo necesita?

Las plazas de Madrid, Barcelona, ​​Málaga y Palma llevan semanas llenándose de pancartas, cacerolas y consignas contra los fondos de inversión buitres. La situación actual en España sobre la vivienda es una especie de vanguardia del movimiento de justicia global que , según el informe del Global Justice Project, es quizás la única fuerza capaz de superar, ya sabes, el ultraliberalismo. Un movimiento ciudadano, alimentado por organizaciones de base amplias y diversas, que deben llegar hasta lo más alto de la política.

Nombre y apellido de un problema

La crisis de la vivienda en España no es fruto del azar ni de una ley natural del mercado. Es el resultado lógico de una ideología que prioriza el beneficio privado sobre el bien común, el mismo diagnóstico que el informe aplica a la crisis climática y que resulta perfectamente trasladable al mercado inmobiliario español. Los fondos de inversión que compran bloques enteros, los alquileres turísticos que vacían los barrios de vecinos y la pasividad de sucesivos gobiernos ante la especulación son manifestaciones locales de una misma lógica global: la que convierte derechos básicos en activos financieros.

No es casualidad que las plataformas de vivienda en España hayan empezado a hablar, como hacen los movimientos reunidos en la Cumbre de los Pueblos de Belém, de falsas soluciones: ayudas puntuales al alquiler, bonos fiscales o promesas de construcción que nunca llegan, mientras el problema de fondo, la mercantilización radical de un derecho constitucional, permanece intacto. 

Igual que los movimientos climáticos denuncian que los mercados de carbono son vías de escape para quienes contaminan, los movimientos por la vivienda denuncian que ciertas políticas de vivienda asequible son vías de escape para los fondos que especulan. ¿A qué viene esa insistencia en las soluciones falsas?.

Esto solo puede significar dos cosas: que una parte de nuestros políticos realmente no intentan abordar el problema, en contraste con el discurso que se les exige mantener de legislar para una mayoría social, o que todo los cambios que prometen, no es más que otra forma de financiación destinada a fondos buitre, sin ninguna consideración por el bien social.

Vincularlo con otras reclamaciones


Uno de los principios que el informe identifica como esenciales para un movimiento ciudadano global es la convergencia de luchas: las batallas por la justicia climática, la igualdad económica y los derechos sociales no son causas separadas, sino frentes de la misma guerra. Esto se verifica en España con una claridad meridiana. El movimiento por la vivienda ha tejido alianzas con sindicatos, con plataformas feministas que denuncian la precariedad habitacional como violencia económica, y con colectivos ecologistas que señalan cómo el modelo turístico extractivo degrada tanto el territorio como el acceso a un hogar digno.

Esta convergencia no es casualidad ni oportunismo: es, como señala el propio informe, una necesidad estratégica. Solo uniendo fuerzas se puede hacer frente a un poder que opera globalmente, y los fondos buitre que compran vivienda en Madrid son, con frecuencia, los mismos actores financieros que especulan con deuda soberana en el Sur global o que presionan contra regulaciones climáticas en Bruselas.

Soberanía de los ciudadanos frente a la tecnocracia inmobiliaria


En otro de los principios del movimiento de justicia global mencionados en el informe, el de la soberanía de los pueblos frente a la tecnocracia, puede encontrarse eco en la lucha de los movimientos por la vivienda española.
 
Las decisiones sobre regulación de alquileres, zonas tensionadas o control de pisos turísticos no deberían tomarse en despachos de grandes tenedores ni en consejos de administración de fondos cotizados, sino democráticamente, en los barrios y municipios afectados. La frase que Mercedes Gould pronuncia sobre los territorios defendidos por los pueblos indígenas, que tienen derecho a decidir sobre ellos, que no son zonas de sacrificio, resuena con una fuerza inquietante cuando se traslada a barrios como Lavapiés o el Raval, convertidos en parques temáticos para la inversión extranjera y el turismo de corta estancia.

Pasando de las protestas a las propuestas


El movimiento español no se ha quedado en el "no". Ha generado propuestas concretas que encajan con el cuarto principio del informe: pasar de la protesta a la propuesta . Topes al precio del alquiler, ampliación radical del parque público de vivienda, fiscalidad específica sobre grandes tenedores, limitación de pisos turísticos y reconocimiento del derecho a la vivienda como prioritario frente al derecho de propiedad especulativa. Son, en esencia, la misma arquitectura que propone el Global Justice Project cuando habla de fiscalidad global sobre la riqueza y servicios públicos universales, aplicada a escala municipal y estatal.

Aquí cobra sentido también la inspiración municipalista de Murray Bookchin, que el informe recoge como vía para reforzar la economía fundacional y reducir la dependencia de las grandes corporaciones. Los ayuntamientos que compran vivienda para parque público, que sancionan a grandes tenedores con pisos vacíos o que limitan licencias turísticas están ensayando, a su escala, ese organización de lo ciudadano desde abajo.

La lucha cultural


Sin embargo, tal y como subraya el informe, aún hay que poner en práctica la lucha cultural. Quizás esta sea la parte más difícil de la tarea. Durante décadas, el ultraliberalismo ha logrado presentar como sentido común que los mercados deben mandar y que el Estado es un estorbo. Mientras no se desplace ese imaginario, mientras la vivienda siga pensándose como inversión antes que como hogar, las reformas legales seguirán siendo frágiles, revocables, y claramente insuficientes.

La idea de colocar al Estado en el corazón de la solución al mismo nivel que las fuerzas del mercado debe seguir prevaleciendo en las discusiones sobre vivienda. La razón por la que las reformas de los precios del alquiler o las leyes antidesahucio aún no han tenido éxito, si es que alguna vez lo han tenido, es que no llegaron a cambiar la forma en que las personas conceptualizan la vivienda.

Organizar o estancarse


Como señala acertadamente el informe Global Justice Project, citando a Thomas Piketty, en su crítica del establishment económico que nos esta privando de la comprensión de que la vida podría ser diferente, la pregunta no es si es viable el proyecto que el movimiento por la vivienda en España, y similares, están impulsando, sino: ¿Cuál es la alternativa?.

Para la vivienda en España, la alternativa a organizarse y ganar, ya se conoce: desahucios, barrios vaciados de vecindad, ciudades convertidas en parques temáticos para el capital transnacional. La cuestión no es si podemos construir ese movimiento ciudadano para realmente cambiar las injusticias. 

La pregunta es si empezamos ahora y seguimos o esperamos a que sea demasiado tarde.