Mediante un decreto presidencial, las agencias federales han sido instruidas para utilizar el término 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 (SI) y, según ha declarado el propio presidente, quienes continúan empleando el término original serán tachados de 𝘦𝘯𝘦𝘮𝘪𝘨𝘰𝘴
Como profesionales del sector, nos debe preocupar mucho estas intenciones.No se trata solo de un problema político, sino también técnico y semántico. La propia definición de 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 ha existido y se ha utilizado desde hace décadas, y se refiere a un nivel de inteligencia mucho mayor que el de una persona y superior en todos los ámbitos. Se trata de una tecnología teórica que todavía no existe todavía, sobre la que se podría hablar en los círculos más altos de la industria pero lejos de la realidad del día a día.
Utilizar 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 para referirse a los modelos actuales, desde asistentes de código hasta generadores de texto, no solo es inexacto: también es una práctica que nos perjudica en última instancia. Por muy arrogantes que sean nuestras declaraciones sobre la capacidad de realización instantánea y la omnipotencia, todo sistema debe tener una especificación clara para que se le pueda regular. Es una forma de inflar expectativas y, paradójicamente, de dificultar la rendición de cuentas.


