09 julio 2026

Argentina y la vuelta del negacionismo: la verdad y la memoria frente al poder que la niega

 Memoria y verdad. La negación de la historia vuelve a Argentina


En 1984 viajé a Buenos Aires como secretario general de la Asociación Pro Derechos Humanos de España. Llevaba una documentación, reunida por muchos compañeros durante mucho tiempo: testimonios de familiares de desaparecidos, entre ellos ciudadanos españoles y sus descendientes, hijos y nietos que habían perdido el rastro de sus padres o abuelos en algún centro clandestino de detención, una lista amplia, muy amplia de victimas de la Dictadura Militar argentina. La CONADEP, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, estaba en pleno trabajo de investigación. La presidía Ernesto Sábato. A él y a los otros miembros de la Comisión, le entregamos esa lista, en una reunión oficial que después quedó recogida en el propio Informe Nunca Más.

Unos meses antes de ese viaje, en plena dictadura, habían llegado miles de postales a la sede de la Asociación. Las enviaba, de forma orquestada, la propaganda del régimen militar. Negaban lo que nosotros denunciábamos. Decían que no había desapariciones, que no había represión sistemática, que se trataba de una campaña de desprestigio contra un gobierno que combatía el terrorismo. Guardé algunas de esas postales durante años. No como curiosidad de archivo, sino porque entendí pronto que la negación no es un fenómeno pasajero, sino una estrategia que se repite cada vez que el poder necesita borrar lo que hizo.

Cuarenta y dos años después, esa estrategia ha vuelto a Argentina, esta vez desde el propio gobierno de Milei.


05 julio 2026

¿Y si el próximo ordenador se cultiva en un laboratorio?

La biocomputación ha cruzado la frontera de lo experimental. Lo que sigue es más complicado.


El transistor lleva setenta y cinco años en el centro de la informática y empieza a mostrar sus límites. Los físicos advierten desde hace años que no es posible seguir miniaturizando los chips indefinidamente: llega un punto en el que las leyes de la física cuántica hacen que los componentes dejen de comportarse como se espera. La industria lo sabe y lleva tiempo buscando alternativas. Las más conocidas son la computación cuántica y los chips que imitan la estructura del cerebro pero en silicio. Hay una tercera, menos visible, que en los últimos dos años ha dado un salto que pocos esperaban: usar biología real, células vivas o moléculas de ADN, para procesar información.

No es una metáfora ni una promesa de laboratorio. En marzo de 2025, la empresa australiana Cortical Labs puso a la venta el primer ordenador biológico del mundo. Se llama CL1, cuesta unos 35.000 dólares e integra cientos de miles de neuronas humanas cultivadas sobre un chip de silicio. Desde Suiza, la startup FinalSpark ofrece acceso a cultivos neuronales directamente desde internet: cualquier investigador puede conectarse, enviar señales a las neuronas y leer su respuesta sin necesidad de tener un laboratorio. El campo tiene nombre propio desde 2023, cuando el equipo del profesor Thomas Hartung en la Universidad Johns Hopkins lo bautizó como inteligencia de organoides.


Lo que ha ocurrido no es que la ciencia haya resuelto el problema. Es que ha demostrado que el problema vale la pena. Y eso ya es mucho más de lo que se podía decir hace cinco años.

02 julio 2026

El Panel Científico Internacional de IA confirma lo que ya se temía: la gobernanza va por detrás

Un análisis crítico del Informe Preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial

Vivimos en un momento de inflexión. La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa futurista relegada a laboratorios y páginas de ciencia ficción: es una realidad omnipresente que está reconfigurando silenciosamente las estructuras económicas, sociales y políticas de nuestro mundo. En este contexto, el Informe Preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial de  las naciones Unidas representa un esfuerzo valioso, y urgentemente necesario, por ofrecer una lectura honesta, equilibrada y con base empírica de lo que esta tecnología significa para la humanidad.

Pero más allá de los titulares optimistas y los discursos corporativos sobre innovación, lo que el informe revela es una imagen profundamente compleja: una donde las oportunidades coexisten con riesgos sistémicos, y donde los beneficios y los daños no se distribuyen de manera equitativa. Para quienes trabajamos o nos interesamos en derechos humanos y sostenibilidad, el documento merece una lectura detenida y crítica.

El resultado, sin embargo, deja ver algo que ese lenguaje cuidadosamente neutral no logra disimular: la gobernanza de la inteligencia artificial ha quedado estructuralmente por detrás de su desarrollo, y ese desfase no se distribuye igual entre quienes tienen poder para cerrarlo y quienes solo sufren sus consecuencias.


 
El informe documenta primero lo que la tecnología ya hace, y las cifras son notables. AlphaFold ha predicho la estructura de más de 200 millones de proteínas, un recurso que hoy usan más de tres millones de investigadores para acelerar el diseño de fármacos y el estudio de la resistencia a los antibióticos. Los sistemas de IA agéntica en laboratorios químicos autónomos han multiplicado por más de diez la velocidad del descubrimiento de materiales. Más de mil millones de personas usan cada semana algún sistema de IA conversacional. Son logros reales, no promesas.

28 junio 2026

Greenwashing, litigios y prima de riesgo: lo que el clima ya le cuesta a las empresas que no actúan

El Tribunal de Apelación de La Haya anuló en 2024, la sentencia que en 2021 había obligado a Shell a reducir sus emisiones un 45 por ciento para 2030. Shell lo celebró. Pero en el mismo fallo, el tribunal dejó escrito algo que pasó más desapercibido: que la empresa tiene la obligación de limitar sus emisiones de CO2 frente a los ciudadanos, sobre la base del derecho humano a la protección frente al cambio climático peligroso, y que esa obligación la deben respetar compañías como Shell.

Anulan la cifra. Mantienen el principio. Para quienes llevan años litigando contra las grandes emisoras, eso no es una derrota. Es el precedente que alimenta el siguiente caso.

El patrón se repite en la mayoría de los litigios climáticos que las empresas ganan formalmente: el proceso dura años, consume recursos legales considerables, genera cobertura mediática sostenida y construye jurisprudencia que estrecha el margen de maniobra futuro. Los tribunales, caso a caso, van delimitando qué puede decirse, qué debe hacerse y quién responde cuando no se hace. Eso ya es una transformación del entorno competitivo, con independencia del fallo concreto.

24 junio 2026

Los derechos humanos: una idea revolucionaria que todavía no hemos terminado de construir

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Era una afirmación extraordinaria. Y era, en buena medida, falsa: no como principio, sino como descripción del mundo. En ese mismo momento, cientos de millones de personas vivían bajo regímenes coloniales, dictaduras o sistemas de apartheid que sus propias potencias fundadoras sostenían o toleraban. La Declaración no describía la realidad de 1948. Describía el mundo que sus redactores querían construir. Esa distancia entre el principio y la realidad es, setenta y cinco años después, el tema más urgente de la política mundial.

Una idea que tardó siglos en formularse


La idea de que todos los seres humanos poseen derechos por el mero hecho de serlo es filosóficamente reciente. No tiene más de cinco siglos, y durante la mayor parte de ese tiempo fue minoritaria, perseguida o deliberadamente ignorada.


El primer debate sistemático sobre la dignidad universal ocurrió no en París ni en Filadelfia, sino en Valladolid, en 1550, cuando dos intelectuales españoles discutieron ante una junta de teólogos si los pueblos indígenas de América tenían los mismos derechos que los europeos. Bartolomé de las Casas defendió que sí. Juan Ginés de Sepúlveda argumentó que no. La junta nunca emitió un veredicto claro, pero el debate había ocurrido, y eso importaba: era la primera vez que una potencia colonial se preguntaba formalmente si tenía derecho moral a conquistar.

23 junio 2026

La IA fractura la realidad climática: ¿Cómo los algoritmos deciden lo que sabemos sobre el planeta?

Reseña del informe 'Impacto de la inteligencia artificial en la percepción del cambio climático y la distorsión del ecosistema informativo' (ITA-ECODES, 2026)


Dos personas que viven en la misma ciudad, con acceso a las mismas fuentes científicas, pueden estar construyendo percepciones radicalmente distintas sobre el cambio climático. No porque una mienta y la otra diga la verdad, sino porque los algoritmos que gestionan su dieta informativa les han servido versiones diferentes de la misma realidad. Eso no es una hipótesis ni un escenario futuro: es lo que documenta con metodología experimental el informe que acaban de publicar el Instituto Tecnológico de Aragón y la Fundación ECODES.

La investigación, desarrollada entre octubre de 2025 y junio de 2026 y premiada con el galardón AMETIC IA I+D 2026, parte de una constatación que ya circulaba en la literatura académica pero que pocas veces había recibido verificación empírica directa: la percepción social del cambio climático no depende únicamente de la evidencia científica disponible. Depende, en medida creciente, del ecosistema informativo que rodea a cada individuo. Y ese ecosistema lo configura, de forma opaca y personalizada, la inteligencia artificial.

Un problema con nombre propio


El informe pone nombre a algo que ocurre cada vez que alguien abre Google Discover en su teléfono. A diferencia de Google News, donde el usuario busca activamente, Discover es un feed pasivo que combina historial de búsqueda, ubicación, patrones de interacción y señales del Knowledge Graph (grafo de conocimiento) para decidir qué contenido aparece en pantalla. Sin que el usuario lo solicite ni lo sepa, el sistema ha tomado una decisión editorial. Y esa decisión, multiplicada por millones de usuarios con perfiles distintos, fragmenta la realidad informativa en enclaves que ya no comparten ni los datos de partida.