Dos personas que viven en la misma ciudad, con acceso a las mismas fuentes científicas, pueden estar construyendo percepciones radicalmente distintas sobre el cambio climático. No porque una mienta y la otra diga la verdad, sino porque los algoritmos que gestionan su dieta informativa les han servido versiones diferentes de la misma realidad. Eso no es una hipótesis ni un escenario futuro: es lo que documenta con metodología experimental el informe que acaban de publicar el Instituto Tecnológico de Aragón y la Fundación ECODES.
La investigación, desarrollada entre octubre de 2025 y junio de 2026 y premiada con el galardón AMETIC IA I+D 2026, parte de una constatación que ya circulaba en la literatura académica pero que pocas veces había recibido verificación empírica directa: la percepción social del cambio climático no depende únicamente de la evidencia científica disponible. Depende, en medida creciente, del ecosistema informativo que rodea a cada individuo. Y ese ecosistema lo configura, de forma opaca y personalizada, la inteligencia artificial.
Un problema con nombre propio
El informe pone nombre a algo que ocurre cada vez que alguien abre Google Discover en su teléfono. A diferencia de Google News, donde el usuario busca activamente, Discover es un feed pasivo que combina historial de búsqueda, ubicación, patrones de interacción y señales del Knowledge Graph (grafo de conocimiento) para decidir qué contenido aparece en pantalla. Sin que el usuario lo solicite ni lo sepa, el sistema ha tomado una decisión editorial. Y esa decisión, multiplicada por millones de usuarios con perfiles distintos, fragmenta la realidad informativa en enclaves que ya no comparten ni los datos de partida.
El Foro Económico Mundial situó en 2026 la desinformación como el principal riesgo global a corto plazo, empatada con los fenómenos meteorológicos extremos. La coincidencia no es casual. Las narrativas falsas o distorsionadas sobre el clima debilitan la capacidad de respuesta social y política ante una emergencia cuya urgencia científica es indiscutible. Pero el informe de ITA y ECODES va un paso más allá del diagnóstico sobre los bulos: señala que el problema no reside solo en el contenido falso, sino en el mecanismo invisible que decide qué contenido, verdadero o no, llega a cada persona.
La investigadora Vidal lo formuló con claridad en PLOS Climate en 2025: la IA ya no puede tratarse como un canal neutro de información. Se ha convertido en un actor ambiental porque configura el ecosistema del que depende la acción climática. El informe asume esa tesis y la convierte en punto de partida metodológico.
Lo que hace diferente a este trabajo
La literatura sobre burbujas de filtro y cámaras de eco lleva años acumulándose. Lo que distingue esta investigación no es el diagnóstico teórico, sino la herramienta que construyó para estudiarlo. El equipo diseñó INFO-IAMA2, una plataforma tecnológica capaz de simular, de forma automatizada y reproducible, el ecosistema informativo que reciben perfiles sociológicos distintos en sus dispositivos móviles.
La diferencia de enfoque es relevante. La mayoría de las investigaciones sobre desinformación digital analizan lo que circula en la web o lo que publican las plataformas. INFO-IAMA2 mira desde el otro extremo: qué ve realmente cada usuario en su teléfono. No el menú del restaurante, sino lo que acaba en cada mesa.
La plataforma combina tres elementos: automatización de dispositivos móviles en la nube que replican el comportamiento real de usuarios; modelos de lenguaje de gran escala para analizar automáticamente el posicionamiento climático de cada noticia recibida; y perfiles sintéticos de usuario que representan cinco segmentos sociológicos de la sociedad española. El experimento piloto desplegó esos perfiles y midió el flujo informativo que cada uno recibía, comparando tanto el volumen como el tono del contenido climático.
Los resultados confirman lo que las teorías anticipaban pero con datos concretos. Los perfiles con características conservadoras reciben mayoritariamente contenido que cuestiona la urgencia climática o enfatiza soluciones tecnológicas sin cambios estructurales. Los perfiles con orientación más activa en temas ambientales acceden a narrativas que destacan la emergencia y las responsabilidades corporativas. Los perfiles apáticos apenas reciben contenido climático relevante. Esa fragmentación no es aleatoria: es el resultado directo de algoritmos que optimizan para el compromiso, no para la comprensión compartida.
Las cámaras de eco y las burbujas de filtro son fenómenos que el informe analiza en profundidad, tanto en su dimensión teórica como en su aplicación al discurso climático. La cámara de eco se produce cuando los individuos reciben mayoritariamente información alineada con sus creencias previas, lo que refuerza esas creencias y reduce la exposición a evidencia contraria. La burbuja de filtro describe el mecanismo algorítmico que lo genera.
En el discurso climático, esas dinámicas tienen efectos especialmente dañinos porque operan sobre un tema donde el consenso científico es claro pero la percepción social es variable y susceptible de manipulación. Un ciudadano escéptico cuyo perfil algorítmico solo le sirve contenido que minimiza el calentamiento global no está ejerciendo libremente su criterio: está consumiendo una selección curada sin su conocimiento. Un activista que solo recibe contenido de emergencia sin matices puede desarrollar fatiga o radicalización. Ambas situaciones dificultan el consenso que hace falta para adoptar políticas ambiciosas.
El informe describe además cómo esta polarización opera de forma multiplataforma. No se limita a una red social: se extiende de forma coherente a través de distintos canales digitales, reforzando el mismo marco interpretativo desde diferentes vectores. Un usuario no solo ve contenidos similares en un agregador de noticias; toda su experiencia informativa queda alineada con ese mismo relato.
La IA como parte de la solución
Hay una paradoja que el informe asume con honestidad intelectual: utiliza inteligencia artificial para estudiar el impacto de la inteligencia artificial. Los mismos modelos de lenguaje que pueden distorsionar el ecosistema informativo son aquí herramientas de diagnóstico y detección.
El trabajo dedica un bloque completo a analizar cómo la IA puede emplearse para detectar desinformación climática. Se exploran sistemas multiestadio basados en LLM, modelos de clasificación avanzados y herramientas de verificación automatizada. Esos sistemas pueden analizar grandes volúmenes de texto en tiempo real, contrastar afirmaciones con bases de datos científicas verificadas y señalar narrativas engañosas o falacias lógicas.
Los autores son, sin embargo, claros sobre los límites de la tecnología por sí sola. La desinformación climática presenta desafíos específicos que dificultan la detección automática: uso de lenguaje ambiguo, mezcla de datos reales con interpretaciones engañosas, narrativas que no niegan el cambio climático pero lo minimizan o lo desplazan hacia el fatalismo. Y existe el riesgo real de confiar en exceso en soluciones técnicas sin abordar las raíces sociales y culturales del problema.
Por eso, el informe insiste en que la tecnología necesita ir acompañada de estrategias de alfabetización mediática y de una ciudadanía con capacidad crítica para entender cómo funcionan los algoritmos que configuran su dieta informativa. Sin esa dimensión, las mejores herramientas de detección tendrán un impacto limitado.
El marco regulatorio y sus insuficiencias
La Comisión Europea ha designado Google Search como plataforma de muy gran tamaño bajo el Digital Services Act, lo que exige evaluaciones de riesgo sistémico. El AI Act, en vigor desde agosto de 2024, establece obligaciones de transparencia para los sistemas de IA con efectos significativos sobre la población. El marco europeo es el más avanzado del mundo en esta materia.
El informe señala que eso no es suficiente. La transparencia sobre cómo Discover prioriza o silencia noticias climáticas sigue siendo muy limitada. Las plataformas cumplen con los requisitos formales sin que eso permita a investigadores, instituciones o ciudadanos evaluar realmente el impacto algorítmico sobre la percepción pública de la crisis climática. Existe el derecho a la información; ejercerlo en la práctica es otra cosa.
Por qué este informe llega en el momento justo
Lo que hace valioso este trabajo, más allá de sus hallazgos concretos, es que no se detiene en el diagnóstico. INFO-IAMA2 no es un ejercicio académico cerrado: es una prueba de concepto con vocación de escalabilidad. Los propios autores señalan que los resultados deben interpretarse como hallazgos preliminares que justifican evolucionar el prototipo hacia un observatorio nacional de la desinformación climática.
Esa frase es la más importante de todo el informe. No porque las conclusiones sean definitivas, sino precisamente porque no lo son, y el equipo lo reconoce. Lo que se ha construido es la arquitectura metodológica para estudiar sistemáticamente cómo la IA distribuye el relato climático entre distintos segmentos de población. Eso es, en términos de investigación aplicada, un avance considerable.
La sinergia entre ITA y ECODES merece también una mención específica. La Fundación ECODES aporta décadas de experiencia en comunicación climática, alfabetización mediática y políticas públicas de adaptación y mitigación. Como socio oficial del Pacto Climático Europeo en España, garantiza que los resultados no se queden en el laboratorio sino que se transfieran a la sociedad. El ITA aporta la capacidad tecnológica para construir y operar una herramienta tan sofisticada. No es frecuente que una investigación de este tipo combine rigor técnico con vocación de impacto real de forma tan equilibrada.
En un momento en que la acción climática compite con narrativas organizadas para frenarla, saber exactamente cómo se distribuyen esas narrativas y a quién llegan es una condición previa para cualquier estrategia de respuesta. Este informe construye una parte de esa capacidad. Por eso importa, y por eso merece la atención de cualquier persona que trabaje en la intersección entre comunicación, sostenibilidad y tecnología.


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