En el primer trimestre de 2025, España registró 213 ciberataques verificados, el 4,5% del total mundial. Eso la situó como el tercer país más atacado del planeta, por detrás de Estados Unidos y Ucrania. Según la firma especializada
Secure & IT, los incidentes contra empresas y administraciones crecieron un 64% respecto al año anterior, una tendencia que llevó a España a escalar posiciones hasta el segundo puesto mundial en momentos puntuales del periodo. Según el
INCIBE, los incidentes gestionados en 2025 alcanzaron los 122.000, un 26% más que en 2024.
Estos no son datos de un año malo. Son la expresión de una tendencia sostenida que convierte a España en uno de los destinos preferidos del cibercrimen organizado. La pregunta que rara vez se hace con la profundidad que merece es por qué. No como curiosidad estadística, sino como diagnóstico que debería traducirse en acción.
Un blanco por razones concretas
Los cibercriminales no eligen sus objetivos al azar. Evalúan oportunidades, calculan riesgos y optimizan el retorno. España presenta una combinación de factores que, vistos desde esa lógica, la convierten en un destino atractivo. Ninguno de esos factores es inevitable. Todos son, en mayor o menor medida, el resultado de decisiones tomadas o no tomadas a lo largo del tiempo.