Un clic. Un archivo. Una empresa paralizada.
El 5 de marzo de 2023, el Hospital Clínic de Barcelona amaneció sin sistemas. Los ordenadores no arrancaban. Las urgencias funcionaban a mano. Las operaciones programadas se cancelaban. Los historiales médicos habían desaparecido detrás de un muro de cifrado que solo los atacantes podían abrir. El precio que pedían: 4,5 millones de dólares.
No fue un ataque de película. No hubo una sala de control con pantallas parpadeantes ni un genio informático descubriendo vulnerabilidades ocultas. Fue, en origen, algo mucho más sencillo: alguien abrió lo que no debía.



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